• John H. Newman

Cuatro sermones sobre el apocalipsis

por: John H. Newman

J ohn Henry Newman escogió como tema de sus predicaciones para el tiempo de Adviento de 1835 la figura del Anticristo. En los cuatro sermones del libro, Newman toma como referencia principal de estudio las Sagradas Escrituras y los escritos de los Padres de la Iglesia, siendo sumamente prudente a la hora de exponer sus opiniones particulares sobre la materia.

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La importancia de estar atentos a la segunda venida de Cristo Newman celebraba la Eucaristía los domingos a las 16:00 horas en la Iglesia Católica de Santa María de Oxford. Entre sus feligreses, contaba con casi medio millar de estudiantes universitarios que acudían a escuchar sus sermones. Su pretensión al tratar este tema aquel año no fue otra que, en el contexto de la preparación para la Navidad (que celebra la primera venida de Cristo), recordar la segunda venida, de la que desconocemos su momento, pero de la que estamos seguros que ocurrirá. Son cuatro los sermones en que se estructura el libro: El tiempo del Anticristo, La religión del Anticristo, La ciudad del Anticristo y La persecución del Anticristo. Al comienzo de cada uno de ellos podemos leer como Newman advierte del riesgo de una interpretación particular sobre el Anticristo, y cómo es preferible acudir a la Sagrada Biblia y a la revelación de los Santos Padres para su estudio y, confiar que, cuando se acerque el momento, la Iglesia comprenderá con mayor claridad lo recogido en las Escrituras. Tal vez por ello, la figura del Anticristo permanece ausente en las predicaciones y su imagen sólo llega a la sociedad, la mayoría de las veces al margen de la fe, a través de ideas extravagantes. Newman establece un paralelismo entre la primera venida de Cristo y la segunda. Al igual que la primera estuvo precedida de toda una serie de acontecimientos, la segunda, como aparece explícitamente en los textos sagrados, estará preludiada por las señales del Anticristo que, en última instancia, se hará presente de modo manifiesto en el mundo y permanecerá en él hasta que Cristo consiga mostrar su gloria definitiva. Con estas predicaciones, Newman pretendía fomentar entre sus feligreses el compromiso de vivir su día a día estando preparados, como si el final estuviera cerca y ayudarles a estar atentos a todo aquello que pudiera considerarse sombras o preludios del Anticristo. De la lectura de los sermones recogidos en el libro de Newman, podemos constatar que la certeza de la llegada del Anticristo es una verdad presente ya en los primeros momentos de la predicación cristiana. Se la constata también en nuestros días, como prueba el Catecismo de la Iglesia Católica promulgado por Juan Pablo II (nn. 671 al 675) o las alusiones de Benedicto XVI (Luz del Mundo). Tiempo, religión, ciudad y persecución del Anticristo Resulta ilustrativo el desarrollo de los sermones, en la medida que implica al que lo lee a estar atentos a la venida e intentar identificar aquello que pudiera ser una señal de la presencia del Anticristo. Al igual que el Reino de los Cielos, el dominio del Anticristo puede ya manifestarse en el mundo. A modo de ejemplo, Newman realiza un recorrido en la historia para mostrar actuaciones en las que se podía detectar manifestaciones de Satanás, todas ellas precedidas de una apostasía, a la que le sucede alguna persona que se convierte en perseguidor implacable de los que se mantuvieran fieles a Dios. Un prolongado parto, que habría comenzado y estaría gestando la venida del Anticristo, cuyas sombras –cita Newman- pudieron ser Antíoco, Juliano, Mahoma y sin citarlo expresamente, se puede deducir que incluso pudiera agrandar esta lista con Napoleón (la mención expresa a la Revolución Francesa y a Napoleón aparece en la versión francesa del libro). Retoma la interpretación clásica de las profecías de Daniel (Dan 7-8), según la cual sería necesario que primero desapareciera el imperio romano, y luego, surgir tras el reinado de diez reyes, el undécimo rey –el mismo Anticristo-, que subyugará al resto. Realiza, Newman una interpretación –a la luz de los Padres- de cómo unos nuevos principios pudieran imponerse en el mundo provocando una Apostasía general, que aunque no viniera tras ella el Anticristo, son signos ineludibles del mal. A través de los sermones nos va describiendo lo que pueden ser características y estrategias del Anticristo. La intención primordial de esta figura es arrebatar almas a Dios, para ello su arma primordial será el engaño. La confusión, bajo signos de falsa tolerancia ante las distintas religiones, puede ser una forma de ir sembrando la duda en los hombres; para luego, presentar su verdadera faz de perseguidor de la religión cristiana. En principio, estaríamos ante un ser que lucharía contra aquel que no se postre bajo su figura, lo que se propone como tolerancia acaba a la postre como tiranía. Son muchas las similitudes que Newman encuentra como preludios de la venida de Satanás, pero de forma especial habla con dureza de la Revolución francesa, que lleva a los hombres a adorar la Libertad, la Igualdad, la Razón, la Patria, la Constitución y olvidar al Dios verdadero. Vuelve de nuevo a mostrarnos la necesidad y responsabilidad del cristiano de estar atentos a los signos en cualquier tiempo y lugar. De forma particular nos presenta a la Iglesia como la fuerza capaz de salvar a los hombres, ya que permanece al lado del que sufre en nombre de Cristo y detiene la rabia del maligno. A lo largo de todos los siglos, la persecución a la Iglesia ha sido una de sus señas de identidad, porta la misma Cruz que Cristo. Al final de los tiempos, cuando el Anticristo presente su poder en la tierra, cabe esperar que la persecución será más cruenta todavía, sin embargo, todos aquellos que permanezcan bajo su techo, conseguirán arrebatar el Reino al mismo demonio. El permanecer fiel a la Iglesia permitirá a los hombres unirse a Cristo victorioso en el final de los tiempos, y por el momento, pudiera servir como freno sobre nuestros corazones soberbios y rebeldes con independencia a cuando se presente el final de la historia. Y Cristo volverá a mostrarnos toda su gloria La lectura del libro es sumamente enriquecedora pues Newman a través de estos sermones nos invita a descubrir que toda la historia es un combate entre el bien y el mal. Esta es la realidad a la que todo hombre, es más, toda la humanidad se enfrenta en su día a día, y es necesario no desfallecer ante la maldad para que la presencia del Reino de los Cielos no se vea eclipsada ante el poder del maligno. Anuncia que en los últimos tiempos cuando la fuerza del Anticristo parezca invencible, la gloria de Cristo resplandecerá de nuevo y con ella la de todos los que hayan sabido mantenerse fiel a sus enseñanzas. De esta forma, los sermones muestran la teología de la Historia de Newman: su convicción de que el recorrido de la humanidad –y de cada persona- por el tiempo, tiene su sentido gracias a la conjunción de la gracia divina y la libertad humana. De esta forma, la historia humana –y la historia de cada persona- es en realidad una Historia Sagrada y Universal. El libro no pretende dar detalles exactos y precisos sobre la venida del Anticristo y aquella definitiva de Cristo, sino que invita a que vivamos en clave de adoración a la Verdad durante toda nuestra vida y de entrega al misterio divino de Dios para ser signos de esperanza en el mundo. por Susana Miró López Universidad Francisco de Vitoria Madrid, España

La importancia de estar atentos a la segunda venida de Cristo Newman celebraba la Eucaristía los domingos a las 16:00 horas en la Iglesia Católica de Santa María de Oxford. Entre sus feligreses, contaba con casi medio millar de estudiantes universitarios que acudían a escuchar sus sermones. Su pretensión al tratar este tema aquel año no fue otra que, en el contexto de la preparación para la Navidad (que celebra la primera venida de Cristo), recordar la segunda venida, de la que desconocemos su momento, pero de la que estamos seguros que ocurrirá. Son cuatro los sermones en que se estructura el libro: El tiempo del Anticristo, La religión del Anticristo, La ciudad del Anticristo y La persecución del Anticristo. Al comienzo de cada uno de ellos podemos leer como Newman advierte del riesgo de una interpretación particular sobre el Anticristo, y cómo es preferible acudir a la Sagrada Biblia y a la revelación de los Santos Padres para su estudio y, confiar que, cuando se acerque el momento, la Iglesia comprenderá con mayor claridad lo recogido en las Escrituras. Tal vez por ello, la figura del Anticristo permanece ausente en las predicaciones y su imagen sólo llega a la sociedad, la mayoría de las veces al margen de la fe, a través de ideas extravagantes. Newman establece un paralelismo entre la primera venida de Cristo y la segunda. Al igual que la primera estuvo precedida de toda una serie de acontecimientos, la segunda, como aparece explícitamente en los textos sagrados, estará preludiada por las señales del Anticristo que, en última instancia, se hará presente de modo manifiesto en el mundo y permanecerá en él hasta que Cristo consiga mostrar su gloria definitiva. Con estas predicaciones, Newman pretendía fomentar entre sus feligreses el compromiso de vivir su día a día estando preparados, como si el final estuviera cerca y ayudarles a estar atentos a todo aquello que pudiera considerarse sombras o preludios del Anticristo. De la lectura de los sermones recogidos en el libro de Newman, podemos constatar que la certeza de la llegada del Anticristo es una verdad presente ya en los primeros momentos de la predicación cristiana. Se la constata también en nuestros días, como prueba el Catecismo de la Iglesia Católica promulgado por Juan Pablo II (nn. 671 al 675) o las alusiones de Benedicto XVI (Luz del Mundo). Tiempo, religión, ciudad y persecución del Anticristo Resulta ilustrativo el desarrollo de los sermones, en la medida que implica al que lo lee a estar atentos a la venida e intentar identificar aquello que pudiera ser una señal de la presencia del Anticristo. Al igual que el Reino de los Cielos, el dominio del Anticristo puede ya manifestarse en el mundo. A modo de ejemplo, Newman realiza un recorrido en la historia para mostrar actuaciones en las que se podía detectar manifestaciones de Satanás, todas ellas precedidas de una apostasía, a la que le sucede alguna persona que se convierte en perseguidor implacable de los que se mantuvieran fieles a Dios. Un prolongado parto, que habría comenzado y estaría gestando la venida del Anticristo, cuyas sombras –cita Newman- pudieron ser Antíoco, Juliano, Mahoma y sin citarlo expresamente, se puede deducir que incluso pudiera agrandar esta lista con Napoleón (la mención expresa a la Revolución Francesa y a Napoleón aparece en la versión francesa del libro). Retoma la interpretación clásica de las profecías de Daniel (Dan 7-8), según la cual sería necesario que primero desapareciera el imperio romano, y luego, surgir tras el reinado de diez reyes, el undécimo rey –el mismo Anticristo-, que subyugará al resto. Realiza, Newman una interpretación –a la luz de los Padres- de cómo unos nuevos principios pudieran imponerse en el mundo provocando una Apostasía general, que aunque no viniera tras ella el Anticristo, son signos ineludibles del mal. A través de los sermones nos va describiendo lo que pueden ser características y estrategias del Anticristo. La intención primordial de esta figura es arrebatar almas a Dios, para ello su arma primordial será el engaño. La confusión, bajo signos de falsa tolerancia ante las distintas religiones, puede ser una forma de ir sembrando la duda en los hombres; para luego, presentar su verdadera faz de perseguidor de la religión cristiana. En principio, estaríamos ante un ser que lucharía contra aquel que no se postre bajo su figura, lo que se propone como tolerancia acaba a la postre como tiranía. Son muchas las similitudes que Newman encuentra como preludios de la venida de Satanás, pero de forma especial habla con dureza de la Revolución francesa, que lleva a los hombres a adorar la Libertad, la Igualdad, la Razón, la Patria, la Constitución y olvidar al Dios verdadero. Vuelve de nuevo a mostrarnos la necesidad y responsabilidad del cristiano de estar atentos a los signos en cualquier tiempo y lugar. De forma particular nos presenta a la Iglesia como la fuerza capaz de salvar a los hombres, ya que permanece al lado del que sufre en nombre de Cristo y detiene la rabia del maligno. A lo largo de todos los siglos, la persecución a la Iglesia ha sido una de sus señas de identidad, porta la misma Cruz que Cristo. Al final de los tiempos, cuando el Anticristo presente su poder en la tierra, cabe esperar que la persecución será más cruenta todavía, sin embargo, todos aquellos que permanezcan bajo su techo, conseguirán arrebatar el Reino al mismo demonio. El permanecer fiel a la Iglesia permitirá a los hombres unirse a Cristo victorioso en el final de los tiempos, y por el momento, pudiera servir como freno sobre nuestros corazones soberbios y rebeldes con independencia a cuando se presente el final de la historia. Y Cristo volverá a mostrarnos toda su gloria La lectura del libro es sumamente enriquecedora pues Newman a través de estos sermones nos invita a descubrir que toda la historia es un combate entre el bien y el mal. Esta es la realidad a la que todo hombre, es más, toda la humanidad se enfrenta en su día a día, y es necesario no desfallecer ante la maldad para que la presencia del Reino de los Cielos no se vea eclipsada ante el poder del maligno. Anuncia que en los últimos tiempos cuando la fuerza del Anticristo parezca invencible, la gloria de Cristo resplandecerá de nuevo y con ella la de todos los que hayan sabido mantenerse fiel a sus enseñanzas. De esta forma, los sermones muestran la teología de la Historia de Newman: su convicción de que el recorrido de la humanidad –y de cada persona- por el tiempo, tiene su sentido gracias a la conjunción de la gracia divina y la libertad humana. De esta forma, la historia humana –y la historia de cada persona- es en realidad una Historia Sagrada y Universal. El libro no pretende dar detalles exactos y precisos sobre la venida del Anticristo y aquella definitiva de Cristo, sino que invita a que vivamos en clave de adoración a la Verdad durante toda nuestra vida y de entrega al misterio divino de Dios para ser signos de esperanza en el mundo.

por Susana Miró López Universidad Francisco de Vitoria Madrid, España

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