• Enrique Diaz Araujo

Del Laicismo del 80 a la Reforma universitaria del 18, tomo II

por: Enrique Diaz Araujo

En estos tiempos, en que resulta difícil  encontrar testimonios que hagan frente al relato histórico oficial, los libros valientes son una necesidad imperativa.   

$220,00

Mucho se ha hablado del liberalismo y de sus consecuencias funestas, entre ellas, el laicismo, triste y perniciosa doctrina devoradora de almas humanas. En este preciso contexto, sale al paso un nuevo libro de Dr. Enrique Díaz Araujo: "De la generación del 80 a la reforma universitaria del 18", tomo I, publicado en el presente por la editorial Gladius. Sin lugar a dudas, el período estudiado es hijo directo de la derrota de Caseros. El iluminismo ya había hecho pie en nuestras tierras, impregnando los espíritus afrancesados de la época. Desde dichos postulados, comienza a construirse una mentalidad que dará dividendos en los tiempos venideros. Por eso, desde las primeras páginas queda ceñido el marco de este estudio. Así, al referirse a las consecuencias del laicismo en materia educativa nos dice: "Las creaturas se instruyen, sin llegar a saber quién es su Creador... Mutatis mutandi, y con infinita menos importancia, es como si para estudiar Química se eliminara la fórmula del agua, o en Zoología, la mención del león, o en Orografía, la cordillera de los Andes..." (pág. 13). Sin embargo, estos intentos por destronar a Cristo de nuestra patria no fueron sino paulatinos. En medio, la resistencia católica se hacían sentir y conforme lo explica nuestro autor: "...cabría aseverar que hasta 1870, al menos, la Argentina permaneció católica en su Derecho Público..." (pág. 41) Sin olvidar a deleznables personajes, como Domingo F. Sarmiento, pronto llegará a la conclusión de que: "El laicismo es una toxina que se inocula gradualmente; sin prisa, pero sin pausa; corroyendo poco a poco la tradición cristiana de la Argentina..." ( pág. 44) Apreciando la historia, con ojo estudioso, el Dr. Díaz Araujo no deja de reconocer que esta primera avanzada no tuvo mayor éxito durante la presidencia de Avellaneda pues, siendo este católico declarado, no les daba todo el espacio que ellos necesitaban para proclamar el triunfo definitivo del laicismo en la Argentina. Promediando el estudio, entra en danza el problema de la masonería. El autor es un estudioso de este tema y con ese bagaje intelectual que lo caracteriza explicará cómo la masonería luchará a brazo partido por el triunfo del anticristo. "A poco de establecido el Gran Oriente y Supremo Consejo para la República Argentina, en 1858, con la Gran Maestría de José Roque Pérez, se realizó entrega del grado 33 a Derqui, Mitre, Urquiza, Gelly y Obes y Sarmiento..." (pág. 74). Estos han sido los principales impulsores de cuanta reforma anticristiana se ha suscitado. Con el triunfo laicista, comienzan a sobresalir otras personalidades: Roca, Juárez Celman, Wilde, Roque Sáenz Peña, que, entre muchos otros nombres, quedaran asociados a las proyecciones de la Ley 1420. Es decir, liberalismo, laicismo y oligarquía todos aunan esfuerzos por la derrota del catolicismo. Es sobre final de este libro que el autor hace suyas las palabras pronunciadas por José Manuel Estrada cuando dice: "...Sí el liberalismo triunfa, triunfa porque los católicos no resistimos... No incito a los católicos a defender la Iglesia; los incito a defender la patria, a defender el alma de sus hijos, a defender la libertad de la conciencia cristiana. La situación es de guerra; nuestro deber es la lucha..." (pág. 198). Y teniendo presente dicha arenga, este libro decide continuar valientemente con la contienda. Han pasado muchos años, pero el historiador no debe rendirse. Con la fortaleza y la estudiosidad, dispuesta a modo de escudo, debe cargar con una nueva embestida. Esta es la gallarda tarea del profesor Díaz Araujo. Nuestra sencilla recensión no puede agotar la profundidad de este primer tomo. Sinceramente, es necesaria la lectura de este magnífico y profundo libro que, sin lugar a dudas, constituye un renovado aporte que confrontará con la ingente masa de falsificadores y sicofantes de la historia nacional. •

Mucho se ha hablado del liberalismo y de sus consecuencias funestas, entre ellas, el laicismo, triste y perniciosa doctrina devoradora de almas humanas. En este preciso contexto, sale al paso un nuevo libro de Dr. Enrique Díaz Araujo: “De la generación del 80 a la reforma universitaria del 18”, tomo I, publicado en el presente por la editorial Gladius. Sin lugar a dudas, el período estudiado es hijo directo de la derrota de Caseros. El iluminismo ya había hecho pie en nuestras tierras, impregnando los espíritus afrancesados de la época. Desde dichos postulados, comienza a construirse una mentalidad que dará dividendos en los tiempos venideros.
Por eso, desde las primeras páginas queda ceñido el marco de este estudio. Así, al referirse a las consecuencias del laicismo en materia educativa nos dice: “Las creaturas se instruyen, sin llegar a saber quién es su Creador… Mutatis mutandi, y con infinita menos importancia, es como si para estudiar Química se eliminara la fórmula del agua, o en Zoología, la mención del león, o en Orografía, la cordillera de los Andes…” (pág.
13). Sin embargo, estos intentos por destronar a Cristo de nuestra patria no fueron sino paulatinos. En medio, la resistencia católica se hacían sentir y conforme lo explica nuestro autor: “…cabría aseverar que hasta 1870, al menos, la Argentina permaneció católica en su Derecho Público…” (pág. 41)
Sin olvidar a deleznables personajes, como Domingo F. Sarmiento, pronto llegará a la conclusión de que: “El laicismo es una toxina que se inocula gradualmente; sin prisa, pero sin pausa; corroyendo poco a poco la tradición cristiana de la Argentina…” ( pág. 44)
Apreciando la historia, con ojo estudioso, el Dr. Díaz Araujo no deja de reconocer que esta primera avanzada no tuvo mayor éxito durante la presidencia de Avellaneda pues, siendo este católico declarado, no les daba todo el espacio que ellos necesitaban para proclamar el triunfo definitivo del laicismo en la Argentina.
Promediando el estudio, entra en danza el problema de la masonería. El autor es un estudioso de este tema y con ese bagaje intelectual que lo caracteriza explicará cómo la masonería luchará a brazo partido por el triunfo del anticristo. “A poco de establecido el Gran Oriente y Supremo Consejo para la República Argentina, en 1858, con la Gran Maestría de José Roque Pérez, se realizó entrega del grado 33 a Derqui, Mitre, Urquiza, Gelly y Obes y Sarmiento…” (pág. 74). Estos han sido los principales impulsores de cuanta reforma anticristiana se ha suscitado.
Con el triunfo laicista, comienzan a sobresalir otras personalidades: Roca, Juárez Celman, Wilde, Roque Sáenz Peña, que, entre muchos otros nombres, quedaran asociados a las proyecciones de la Ley 1420. Es decir, liberalismo, laicismo y oligarquía todos aunan esfuerzos por la derrota del catolicismo.
Es sobre final de este libro que el autor hace suyas las palabras pronunciadas por José Manuel Estrada cuando dice: “…Sí el liberalismo triunfa, triunfa porque los católicos no resistimos… No incito a los católicos a defender la Iglesia; los incito a defender la patria, a defender el alma de sus hijos, a defender la libertad de la conciencia cristiana. La situación es de guerra; nuestro deber es la lucha…” (pág. 198).
Y teniendo presente dicha arenga, este libro decide continuar valientemente con la contienda. Han pasado muchos años, pero el historiador no debe rendirse. Con la fortaleza y la estudiosidad, dispuesta a modo de escudo, debe cargar con una nueva embestida. Esta es la gallarda tarea del profesor Díaz Araujo. Nuestra sencilla recensión no puede agotar la profundidad de este primer tomo. Sinceramente, es necesaria la lectura de este magnífico y profundo libro que, sin lugar a dudas, constituye un renovado aporte que confrontará con la ingente masa de falsificadores y sicofantes de la historia nacional. •

“Del Laicismo del 80 a la Reforma universitaria del 18, tomo II”

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