• Jose A. Yelpo

Ejercito, política, proyecto alternativo: 1920-1943

por: Jose A. Yelpo

Este libro de José Antonio Yelpo que presenta GUARDIA NACIONAL rescata las reflexiones formu­ladas hace décadas atrás por oficiales de nuestras Fuerzas Armadas. Todas ellas son coincidentes en plantear la inexcusable obligación de desarrollar las estructuras económicas del país -su industria sobre todo- para sustraerlo de la dependencia económica.

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Nos honra sobremanera la solicitud de prologar, desde el estricto enfoque politológico, el presente libro sobre el desarrollo conceptual, entre 1920 y 1943, de un verdadero proyecto nacional por la oficialidad más clarividente de las distintas pro­mociones del Ejército argentino, junto a los expo­nentes del lúcido pensamiento estratégico naval. Nuestra presentación también se prestigia por acompañar la elaborada, con énfasis filosófico, por el eminente investigador y catedrático Mario Ca-salla. Doble distinción, pues, la conferida, y que implica una responsabilidad suma. El tema militar latinoamericano suscita, a partir de su inserción en la vida política y del estallido de las guerras revolucionarias, una incesante pro­ducción bibliográfica especiahzada. Sobresalen, en primer término, los Estados Unidos, seguidos por Europa Occidental y, en menor grado (al menos públicamente), la Unión Soviética y el bloque socialista. Muy escasa es, en cambio, la experien­cia codificada por los analistas de los países que protagonizaron el fenómeno, Ahora bien, en esta ingente literatura histórica, política y sociológica, la Argentina es objeto de una peculiar y sugestiva preferencia. Resulta ob­vio, a la luz de su pasado militar, que tal interés obedece a motivaciones muy específicas que re­basan a menudo el marco académico para pro­yectarse, de pleno, en el campo político-estratégico. Desde hace exactamente un quinquenio, la gesta del Atlántico Sur acentuó dicha observación en los científicos sociales extranjeros, con un producido muy desigual. Por su parte, los especialistas latinoamericanos y argentinos, salvo excepciones, no parecen ani­marse a contradecir opiniones y conclusiones que, a designio o no, solamente convalidan la gigan­tesca operación psicológica de la "desmalviniza-ción". A las deficiencias técnicas de sus análisis se suman, lisa y llanamente, factores a-científicos como los prejuicios ideológicos y, demasiado fre­cuentemente, la explotación, en el propio ámbito argentino, de las líneas persuasivas de la guerra psicológica enemiga. Es sabido que toda guerra exige a quienes la libraron el análisis retrospectivo, con fines doctri­narios, de los modos con que su desenvolvimiento afectó, con distintos signos, los respectivos poten­ciales. El accionar bélico argentino, pese al desen­lace súbito no previsto durante las mismas ope­raciones, afectó en apreciable medida la estruc­tura estratégica y operacional de la OTAN en el teatro austral, a través del apabullamiento reite­rado de su segunda potencia. Entonces, ¿no cabe preguntarse la razón por la cual el estudio de nuestro esfuerzo de guerra fue extrapolado del contexto de la política de poder, ineludible punto referencial, para ser insólitamente estudiado como mero epifenómeno de un objetivo táctico de la política interna: mantener detentado el Estado? En esta perspectiva convergen, con distintas y variadas argumentaciones, la multiplicidad de te­sis e investigaciones que, desde el exterior tratan de interpretar, presuntamente, la problemática plan­teada por las instituciones militares (y sus even­tuales regímenes políticos) como agentes del cam­bio social y económico, de la "modernización". En el decenio de los años '60, la factibilidad era seriamente considerada por los institutos de estu­dios avanzados estadounidenses, los "think tanks", como lo prueban los documentos claves que ela­boraban para los departamentos de Estado y de Defensa. De todas maneras, cabe advertir que tales obras no suelen tener una difusión masiva en lo que se refiere a los contenidos originales más significati­vos, sino que se lanza al público, en tales casos, una versión expurgada y queda prácticamente cla­sificada la anterior, que es la que realmente cuenta. Esta preservación de información vital para los Estados Unidos (plenamente justificada, por lo demás, desde todo punto de vista) puede ser comprobada en fuentes públicas oficiales: las lis­tas y muestrarios de proyectos de investigaciones contratados por el Estado se detallan, con el grado de clasificación, cuando lo tienen, en los informes de la Cámara de Representantes, del Departa­mento de Defensa y del Departamento de Estado, de las universidades y los institutos privados ya aludidos ("tanques de ideas"), cuya integración constituye lo que ha dado en llamarse, con toda precisión, "la cuarta fuerza armada de los Estados Unidos". No obstante esta evidencia, ninguna criba crítica parece utilizarse en la aplicación de proposiciones interpretativas desprovistas de los elementos esen­ciales. No es de extrañar que estas obras, en su gran mayoría, aparezcan realmente nocivas, tanto por lo que aseveran como, sobre todo, por lo que omiten, al entremezclar referencias no susceptibles de generalización. Además, la orientación en las traducciones contribuye a reforzar la negatividad de la situación. Huntington, Janowitz, Finer, para no citar sino a los iniciadores, aportan esquemas de interés parcial para nuestro problema, pero prevalecen sobre la obra de Morgenthau, de lejos mucho más imprescindible para redefinir la no­ción de interés nacional. En la Argentina, cualquier estudiante aventa­jado de ciencia política conoce el permanente ries­go, científicamente inadmisible, de una confusión entre inferencias de experiencias desiguales y cuyo análisis es producto, por lo tanto, de procesos inte­lectuales distintos. En tal sentido, sería ocioso re­calcar el dislate marxista de proyectar su arcaico esquema clasista a las instituciones militares. En cambio, sí es dable advertir respecto de un error de otro signo, que adjudica a toda fuerza armada (tanto por su estructura estamental como por su condición de factor de poder) la proclividad del pretorianismo, cuya descripción sociopolítica se torna cada vez más confusa y equívoca. En la literatura europea que aborda el problema argen­tino, el investigador francés Rouquié conforma un ejemplo elocuente, aunque no parece haber apli­cado para nada —que sepamos— su metodología en el caso del rol militar jugado en la sustitución de la IVº República por la Vº gaullista. Todo lo dicho nos permite aquilatar la gran im­portancia de la presente obra, con la cual José A. Yelpo brinda un aporte inapreciable a la cuestión de la intervención del poder militar en el que­hacer político nacional. Mediante una prolija y exhaustiva labor heurística, ha compilado la docu­mentación fundamental de propia fuente castrense, tan expresiva y contundente que no requiere, prác­ticamente, comentario alguno. La tarea hermenéu­tica ofrece, en apretada síntesis, una original e incuestionable interpretación, de incalculable pro­yección para la ciencia política. En efecto, nos revela que el "Ejército moderno y de la industrialización" —como bien lo calificó Orsolini— no solamente procuró la autarquía posi­ble para satisfacer las exigencias profesionales, sino que muy rápidamente se percató, al igual que los principales ejércitos de entonces, que la misión de una doctrina estratégica es codificar el poder en política, fijando los objetivos contribuyentes e in­dicando si el potencial nacional está en condi­ciones de lograr los requerimientos políticos del interés nacional. Hay, por consiguiente, un espacio propio del pensamiento militar en el plano de las ideas políticas, por lo menos ya acreditado desde Clausewitz en la dimensión de la estrategia general. Más aún: el Ejército fue deduciendo, a partir de la función de lograr el interés nacional en pugna con los otros Estados, un modo de organización (un modelo) unilateral, es decir, de dependencia en el propio poder. El libro será acogido, sin duda alguna, con el máximo interés por los politólogos, quienes con­traerán con su autor una sincera deuda de gra­titud, como lo hacen quienes esto escribimos. Dr. Jorge Aníbal Rivero

“Ejercito, política, proyecto alternativo: 1920-1943”

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