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Lenguaje, ideología y poder.

por: Juan Carlos Monedero

Las presentes líneas son una invitación a dejarnos llevar por los diversos capítulos de este placentero libro, donde el autor –con penetrante lenguaje y valentía– se atreve a escudriñar hasta las profundidades, intentando acercarnos a las causas de los asuntos vinculados al poder, la ideología y el lenguaje, para así recuperar todo lo que haya de verdadero y, consiguientemente, sanar lo enfermo.
Llamar a las cosas por su nombre es una de las misiones encomendadas por Dios al ser humano. ¡Qué mejor que tener a la mano este compendio, donde se sintetizan principios capaces de prometer un futuro para esta Argentina donde reina el vicio, pudiendo primar la virtud!

$200,00

Por Matías Navós Iglesias.

Profesor de Filosofía

Las páginas de Lenguaje, Ideología y Poder conforman un enjundioso trabajo de investigación. Se puede observar una paciente y sostenida labor de recopilar nutritivas citas, capaces de alimentar nuestras mentes, atiborradas de equívocos, imprecisiones y mentiras. Así, el autor logra sorprendernos por la profundidad y agudeza con la que aborda cuestiones de acuciante actualidad.

Pero veamos más de cerca su contenido. El libro aborda la álgida cuestión de la palabra humana, al mismo tiempo que estudia la realidad por ella significada. Tanta tinta gastada por pensadores de innumerables escuelas y todavía ellos no logran dilucidar la esencia de la palabra. Quienes visiten estas páginas agradecerán su sencillez y hondura, resolviendo muchas dudas y robusteciendo sus certezas. Inseparable del asunto lingüístico es el asunto metafísico: lo que las cosas son. El orden que anida en las cosas, el orden presente en ellas, clave de bóveda que permite entender todo lo demás. Casi todo está subvertido, como escribiera el gran Petit de Murat. Lenguaje, Ideología y Poder es un alegato en favor de ese orden que tenemos que respetar. De allí derivan las normas, que no coartan mi libertad, sino todo lo contrario: la hacen posible. También el presente trabajo nos ilustra al respecto.

Juan Carlos Monedero va enhebrando sustanciosas citas y poesías, verdadero refresco para el lector. Y la verdad, cual semilla, fecunda agradablemente nuestro entendimiento y –por qué no– nuestro corazón.

Desposorio de la inteligencia humana con la verdad de las cosas; contundente frase que resume casi toda la problemática. No podemos menos que maravillarnos ante esta imagen –el matrimonio fecundo– para hablar de la relación cognoscitiva. Sobre todo hoy, frente a los múltiples ataques que esta institución está obligada a soportar.

El libro nos habla de la realidad, una realidad que se expresa mediante el lenguaje. Estas páginas constituyen un clamor permanente, una alerta continua y una invitación a poner manos a la obra frente a la distorsión que este lenguaje se ve obligado a padecer. El autor, lejos del mundanal ruido, nos obliga a detenernos. Y pensar. Nos fuerza a considerar si cabe repetir lo feo que escuchamos. Nos fortalece para no dejarnos abatir y nos da razones para que no utilicemos los vocablos del enemigo. El libro nutre nuestra mente para rechazar la falacia de exhibir lo bueno como malo, al tiempo que hace posible librar una justa batalla para que lo malo no sea considerado bueno. Para evitar que “gota a gota” nos vayan lavando la cabeza.

El libro exhibe profundos ejemplos, que clarifican los temas. Ojalá sepamos memorizarlos; analiza sofismas y los desenmascara. Distingue entre discriminación injusta, por un lado, y una sana discriminación. Es una cosa de locos lo que estamos viviendo. Todo está patas para arriba; reina el desorden. Se acusa a los hombres justos, que terminan teniendo su propia casa por una suerte de cárcel.

Tolerar al que yerra y combatir el error. El libro nos ayuda con algunas herramientas para realizar este tipo de actos. Valiente libro que también es capaz de una prudente y caritativa autocrítica dentro de las filas católicas. Sin importarle “el qué dirán” sino más bien la Verdad, a la que debemos respetar y amar. Asimismo, esta obra presenta una detenida radiografía de una de las más calculadas estrategias actuales: decir una verdad para defender una mentira. Uno de los ejemplos utilizados es la violencia de género, donde bajo el pretexto de defender a la mujer se termina favoreciendo entre otras prácticas el aborto. La locura llega a tal punto que aquel que defiende la vida es acusado de favorecer o por lo menos ser funcional al abuso sexual.

En fin. Es ingente empresa la de enseñar la verdad. Felicitamos públicamente al autor, rezamos por él y deseamos toda la difusión para este, su primer libro.

 

Por Matías Navós Iglesias.

Profesor de Filosofía

Las páginas de Lenguaje, Ideología y Poder conforman un enjundioso trabajo de investigación. Se puede observar una paciente y sostenida labor de recopilar nutritivas citas, capaces de alimentar nuestras mentes, atiborradas de equívocos, imprecisiones y mentiras. Así, el autor logra sorprendernos por la profundidad y agudeza con la que aborda cuestiones de acuciante actualidad.

Pero veamos más de cerca su contenido. El libro aborda la álgida cuestión de la palabra humana, al mismo tiempo que estudia la realidad por ella significada. Tanta tinta gastada por pensadores de innumerables escuelas y todavía ellos no logran dilucidar la esencia de la palabra. Quienes visiten estas páginas agradecerán su sencillez y hondura, resolviendo muchas dudas y robusteciendo sus certezas. Inseparable del asunto lingüístico es el asunto metafísico: lo que las cosas son. El orden que anida en las cosas, el orden presente en ellas, clave de bóveda que permite entender todo lo demás. Casi todo está subvertido, como escribiera el gran Petit de Murat. Lenguaje, Ideología y Poder es un alegato en favor de ese orden que tenemos que respetar. De allí derivan las normas, que no coartan mi libertad, sino todo lo contrario: la hacen posible. También el presente trabajo nos ilustra al respecto.

Juan Carlos Monedero va enhebrando sustanciosas citas y poesías, verdadero refresco para el lector. Y la verdad, cual semilla, fecunda agradablemente nuestro entendimiento y –por qué no– nuestro corazón.

Desposorio de la inteligencia humana con la verdad de las cosas; contundente frase que resume casi toda la problemática. No podemos menos que maravillarnos ante esta imagen –el matrimonio fecundo– para hablar de la relación cognoscitiva. Sobre todo hoy, frente a los múltiples ataques que esta institución está obligada a soportar.

El libro nos habla de la realidad, una realidad que se expresa mediante el lenguaje. Estas páginas constituyen un clamor permanente, una alerta continua y una invitación a poner manos a la obra frente a la distorsión que este lenguaje se ve obligado a padecer. El autor, lejos del mundanal ruido, nos obliga a detenernos. Y pensar. Nos fuerza a considerar si cabe repetir lo feo que escuchamos. Nos fortalece para no dejarnos abatir y nos da razones para que no utilicemos los vocablos del enemigo. El libro nutre nuestra mente para rechazar la falacia de exhibir lo bueno como malo, al tiempo que hace posible librar una justa batalla para que lo malo no sea considerado bueno. Para evitar que “gota a gota” nos vayan lavando la cabeza.

El libro exhibe profundos ejemplos, que clarifican los temas. Ojalá sepamos memorizarlos; analiza sofismas y los desenmascara. Distingue entre discriminación injusta, por un lado, y una sana discriminación. Es una cosa de locos lo que estamos viviendo. Todo está patas para arriba; reina el desorden. Se acusa a los hombres justos, que terminan teniendo su propia casa por una suerte de cárcel.

Tolerar al que yerra y combatir el error. El libro nos ayuda con algunas herramientas para realizar este tipo de actos. Valiente libro que también es capaz de una prudente y caritativa autocrítica dentro de las filas católicas. Sin importarle “el qué dirán” sino más bien la Verdad, a la que debemos respetar y amar. Asimismo, esta obra presenta una detenida radiografía de una de las más calculadas estrategias actuales: decir una verdad para defender una mentira. Uno de los ejemplos utilizados es la violencia de género, donde bajo el pretexto de defender a la mujer se termina favoreciendo entre otras prácticas el aborto. La locura llega a tal punto que aquel que defiende la vida es acusado de favorecer o por lo menos ser funcional al abuso sexual.

En fin. Es ingente empresa la de enseñar la verdad. Felicitamos públicamente al autor, rezamos por él y deseamos toda la difusión para este, su primer libro.

 

“Lenguaje, ideología y poder.”

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