San Martin: Cuestiones diputadas I

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Acerca de este libro
¿Es posible mostrar un San Martín diverso del que presentara Mitre, belicista, antihispánico, liberal y probritánico? La generalidad de los historiadores se adhiere a la visión de Mitre, aunque después se aparten de sus conclusiones. Enrique Díaz Araujo se atreve a esbozar un General diferente, dispuesto a negociar la paz con España, antiliberal y separado de los proyectos británicos. Además, niega la existencia de la “Gran Reunión Americana” de F. de Miranda, supuesto nexo de la Logia Lautaro con la Masonería y el Gobierno inglés. Afirma la falsedad de la llamada “carta” de San Martín a Nicolás Rodríguez Peña de 1814. Asevera la realidad de su enfermedad en Tucumán, que produjo su relevo y posterior designación en Mendoza. Asimismo, señala que el Plan Maitland corresponde a un período distinto (1800), del de 1812, cuando Inglaterra era aliada de las Juntas y Consejos hispánicos. De todo lo cual infiere la ausencia de un Plan Estratégico Continental, previamente diseñado en logias o gabinetes extranjeros. Por el contrario, muestra que la creación del Ejército de los Andes fue un trabajoso producto de circunstancias posteriores al viaje a Mendoza (Sipe-Sipe y Rancagua). Por otra parte, el General se alistó en la causa de la Independencia de las Provincias Unidas del Sud. Ahí es llamativa la afinidad con los propósitos coetáneos americanos de Iturbide y Bolívar. Fines americanistas, basados en formas de gobierno autoritarias y “vigorosas” los enemistaron con líderes localistas y democráticos. Variadas logias masónicas se coaligaron contra la obra de los Libertadores. Fueron, pues, los liberales los que pusieron término al grandioso sueño de fundar una confederación hispanoamericana, el país más grande del mundo. Luego, el General se aferró a la suerte argentina, colaborando estrechamente con la defensa de la soberanía efectuada por Rosas. Ahí recrudeció la inquina liberal. Se acompaña un análisis de los ataques antiguos y modernos a su obra y personalidad. Desde los agravios difundidos por José Miguel Carrera y C. de Alvear, y las persecuciones de Rivadavia, hasta las injurias de los libelistas contemporáneos. A estos últimos calumniadores, el autor no vacila en azotarlos literariamente. Junto a los asuntos expuestos, otros muchos corren en este libro, repleto de originalidades y polémicas, justificando el título elegido: Cuestiones Disputadas. Si el lector creía que ya se había dicho todo sobre el “General del Silencio”, se sorprenderá ante las renovadas visiones que Díaz Araujo le planteará.

“San Martin: Cuestiones diputadas I”

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